En 1904 el arquitecto Aubriot les entregó la
llave de la vieja casona.
No había luz eléctrica, eran las lámparas de queroseno. El agua
era de lluvia, contaban con tanques y un aljibe. Cuando llovía
sacaban cuanto recipiente había. en estos días aparecían los sapos
en grandes cantidades. Juan Zorrilla cuidaba que no los mataran
y prohibía que los persiguieran. Decía a sus hijos que eran príncipes
encantados.
Esta casa veraniega contaba con cuatro piecitas y un comedor.
Más tarde se le agregaron tres más y la torre almenada que su hijo
escultor y pintor decoró con unos medallones que representaban
a Shakespeare, Cervantes, Santo Tomás de Aquino y Santa Teresa
de Jesús a los que admiraba.
Allí el poeta se retiraba a pensar y a escribir alejándose de
los bullicios de niños. Entre esas cuatro paredes germinó "la Epopeya
de Artigas".
En 1921 realizó la última reforma, la que inauguró con una fiesta
en honor a las amistades de su hija Cochonita. |