El gaucho posa para el pintor mostrando
su fortaleza física
distendida, sugirinedo ademanes lentos y resaltando la brillante
sutileza decorativa de sus "prendas". Es en suma una evocación
humana congelada en el tiempo y por eso mismo con cierto grado
de "universalidad", señalada y elogiada en su momento por
la crítica. El gaucho ya no ea el prototipo heroico de la
gesta emancipadora, pero tampoco el desplazado social de ese momento.
Se trata de un discurso pictórico de costumbres, donde el
personaje es representado fielmente en sus aspectos físico-descriptivos,
pero idealizado a través de su asepsia histórica,
descaracterizado en su drama social real.