EL GAUCHO
 
 

Juan Manuel Blanes pintó el gaucho en su presencia impositiva; lo fijó en su más expresiva actitud, como planta y flor criolla, sugestivo y embrujado adorno de colores de nuestra tierra; generalmente lo miró de pie, el rostro cubierto de espesa barba negra y el sombrero metido en la frente, ahondando el misterio sicológico de su mezcla de razas - india, española y negra - o levantando el chambergo hacia atrás, arriba de la vincha, con golilla al cuello y poncho al hombro; de camisa abierta; chiripá de fuertes tonos y blanco calzoncillo cribado; su calzado era la bota de potro que dejaba libres los dedos de pie para mejor jinetear con los estribos. Así esta el gaucho en los pequeños óleos de Blanes, parado en actitud de descanso o recostado con indolencia en el palenque junto a su china, en el juego de la taba y en las faenas criollas, que más que trabajo eran para él fiestas de riesgos, en las domas de potros, enlazadas y boleos. Pero le ha comprendido también el pintor en su nobleza patriótica y es, sin duda, el gaucho de camisa blanca que aprieta , su espada en el "Juramento de los 33 Orientales", la estampa de más serena energía y la figura dibujada con más cariño del notable cuadro. José Hernández lo elogia en un verso de impecable acierto: "Todo está como nacido", escribe el autor de Martín Fierro.

 
 
"La taba" Óleo.
 
 
 

 

 

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Última actualización: Mayo'2006