Al recorrer, al contemplar o colorear un mandala, poco a poco
puedes iniciar un viaje hacia tu propio centro, hacia tu corazón.
Esta experiencia puede ayudarte a estar más centrado, a crear
mayor armonía, a ver más claro y a conectarte con lo que realmente
quieres, sin dejarte presionar por los ruidos que te llegan
de todas partes.
Personalmente lo trabajo en clase. Unos minutos coloreando
o construyendo mandalas ayudan a todos a mejorar su concentración
y su capacidad de aprender.
Para concentrarte te sugiero que colorees desde afuera hacia
el centro. Si otro día quieres abrite al mundo exterior, pinta
del centro hacia afuera.
No es necesario que termines un mandala para comenzar otro.
Puede que el primero quede inconcluso y que tengas la necesidad
de iniciar otro. Posiblemente, pasado un tiempo, sientas que
debes terminarlo. |