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ARTÍCULOS
En este informe abordamos el tema “La educación como violencia simbólica” planteado por Bourdieu y Passeron.
Bourdieu y Passeron son dos franceses que continuaron con la ideología de Durkheim. Reciben de èste los aportes desde el punto de vista metodológico.
Realiza un proceso de objetivación y distanciamiento de los hechos sociales para su estudio sociológico.
Tambièn reciben aportes de Parsson, y toman de este la idea de interdependencia
en los subsistemas sociales, función de reproducción social de
la escuela.
Marx y Weber aportan la concepción de la cultura como dominación,
en la importancia de la legitimación de la autoridad y en la definición
de cultura por la parte de la clase dominante y la instrumentalizaciòn
de instituciones como la escuela para su inculcación.
Bourdieu y Passeron marcan una correlación entre la reproducción
social y la reproducción cultural, debido a lo cual, los podemos ubicar
en el paradigma reproductivista. Èste analiza la sociedad desde el punto
de vista de la desigualdad social, el conflicto y el cambio social; trata de
explicar la fragmentación y los conflictos sociales que son consecuencia
de las desigualdades sociales.
En este paradigma se exploran las causas y los efectos de las desigualdades
económicas, desigualdades por lazos de gènero, etnia, etc.
Para la sociología del conflicto, las estructuras sociales, lo que hacen
es perpetuar una distribución desigual de los recursos económicos
y políticos entre la población.
Analizan la relación de dominación que ejercen unos individuos
sobre otros (dominados). Analizan tambièn, las estrategias que emplean
los dominantes para mantener su posición de dominación, y los
dominados para intentar mejorar su situación.-
Bourdieu plantea que los asuntos de la educación dependen de los procesos
de reproducción del orden social y dice: “la sociología
de la educación asume su rol específico toda vez que se considera
a sí misma como la ciencia de las relaciones entre la reproducción
cultural y la reproducción social”.
Estos autores marcan una correlación entre la reproducción social
y la reproducción cultural. Plantean que las ciencias sociales se caracterizan
por su oscilación alrededor de dos polos epistemológicos: el de
la razón y el de la experiencia. Por ejemplo, la razón me dice
que todos los alumnos que pasan por el sistema educativo deben lograr buenos
resultados, pero la experiencia me dice que estos buenos resultados no siempre
se dan. Por lo tanto, hay que encontrar puntos de unión entre la razón
y la experiencia. Las prácticas científicas reales se ubican en
una especie de “posición central”, lugar donde se construye
la unión dialéctica entre razón y experiencia.
Existen distintas formas de conocer el mundo social. “El conocimiento
que se denominará fenomenológico (interaccionista o etnometodològico)
explicita la verdad de la experiencia primaria del mundo social, es decir, la
relación de familiaridad con el ambiente familiar, aprehensión
del mundo social como mundo natural y obvio que no es posible relacionar y que
excluye la cuestión de sus propias condiciones de posibilidad. El conocimiento
que puede denominarse objetivista construye relaciones objetivas (económicas
o lingüísticas) que estructuran las prácticas y las representaciones
de las prácticas, es decir, el conocimiento primario práctico
y tácito del mundo familiar, a costa de una ruptura con este conocimiento
primario y por lo tanto con los presupuestos tácitamente asumidos que
confieren al mundo social su carácter evidente y natural...”
Para el subjetivismo el mundo social es un mundo construido, es pura “experiencia
vivida”. La práctica social se concibe como pura creatividad del
hombre libre, su conocimiento es un conocimiento práctico, conocimiento
por familiarización. En este caso, lo social no tiene un estatuto objetivo.
Entre sujeto y objeto no hay ruptura y tampoco la hay entre conocimiento “práctico”
y conocimiento “científico” de los fenómenos sociales.
El conocimiento de los hechos del mundo de la cultura será una especie
de “reproducción” de las experiencias vividas.
El conocimiento objetivista supone un sujeto frente a un objeto. Un sujeto “liberado
de las urgencias de la práctica”, lo cual le permite mantener sus
distancias con respecto al objeto, que le es externo. El subjetivismo y objetivismo
constituyen dos formas polares de rendir cuentas de la economía de las
prácticas.
Si para la primera posición éstas son el resultado de la creatividad
libre de los agentes, para la segunda alternativa son el resultado necesario
de condicionamientos objetivos (modos, estructuras). Al mundo de la necesidad
se enfrenta el mundo de la creatividad, la espontaneidad.
Bourdieu en “El oficio del sociólogo”, considera que el sociólogo
tiene que romper con las representaciones familiares e inmediatas de la vida
social, para construir una verdadera ciencia social.
Bourdieu afirma “la sociología supone por su misma existencia,
la superación de la oposición ficticia que subjetivistas y objetivistas
hacen surgir arbitrariamente. Si la sociología es posible como ciencia
objetiva, es porque existen relaciones exteriores, necesarias, independientes
de las voluntades individuales, y si se quiere, inconscientes que no pueden
ser captadas sino por los rodeos de la observación y de la experimentación
objetivas.
La sociología recurre a conceptos intermediarios y mediadores entre lo
subjetivo y lo objetivo. Le corresponde construir el sistema de relaciones que
engloba el sentido objetivo de las conductas organizadas según regularidades
mensurables y las relaciones singulares que los sujetos mantienen con las condiciones
objetivas de su existencia y con el sentido objetivo de sus conductas.
En el libro “Esquisse d´ une theorie de la pratique”, que
Bourdieu publica en 1972, propone frente a los modos de conocimiento objetivista
y subjetivista, su alternativa praxiològica. Ésta tiene por objeto
no sólo el sistema de las relaciones objetivas que construye el modo
de conocimiento objetivista, sino también las relaciones dialécticas
entre estas estructuras objetivas y las disposiciones estructuradas en las cuales
ellas se actualizan y que ellas tienden a reproducir, es decir, el doble proceso
de interiorización de la exterioridad y de exteriorización de
la interioridad: este conocimiento supone una ruptura con el modo de conocimiento
objetivista, supone una interrogación sobre las condiciones de posibilidad
y, mediante ella, sobre los límites del punto de vista objetivo y objetivamente
que aprehende las prácticas, desde fuera, como hecho consumado, en lugar
de su efectuación.
Entre las estructuras objetivas que constituyen el ambiente y las prácticas,
se encuentran los habitus, que son al mismo productos y productores de las estructuras.
Los habitus se definen como “sistemas de disposiciones duraderas, estructuras
estructuradas predispuestas para funcionar como estructuras estructurantes,
es decir, en tanto que principio de generación y estructuración
de práctica y representación que pueden estar objetivamente “reguladas”
y ser “regulares” sin constituir el producto de la obediencia a
reglas”.
Por un lado tenemos el concepto de estructura como algo fijo, constante, algo
que es a la vez estático y dinámico, que tiene vida propia. Por
otro lado, aparece la idea de praxis, cómo yo llevo la estructura a la
práctica. Entonces, podemos afirmar que el habitus es el mediador entre
la estructura existente y la práctica, lo dinámico.
El habitus es un sistema de disposiciones. El término disposición
expresa el resultado de una acción organizadora por lo que posee un sentido
próximo al término estructura. Este término también
implica una manera de ser, un estado habitual del cuerpo, una tendencia, una
predisposición del cuerpo, una inclinación del mismo. Este estado
habitual del cuerpo está estructurado y esta estructura actúa
como estructurante de mi accionar; me va orientando cómo yo voy actuando,
por lo tanto el habitus como sistema de disposiciones me ayuda a reflexionar
tanto de la interiorización como la como de la exteriorización.
Este sistema de disposiciones actúa como modelo (matriz) de mi accionar
y de mis percepciones futuras, de cómo yo me muevo en el mundo exterior.
Entonces, el habitus va a ser estructurante de mi acción. Los habitus
tienen permanencia en el tiempo, son duraderos, las estructuras también
perduran a través del tiempo.
El habitus de clase es un sistema de disposiciones parcialmente común
a todos los productos (personas que producen esa estructura) de las mismas estructuras.
Todos los individuos sometidos a las mismas condiciones objetivas de existencia,
poseen también, en consecuencia, sistema de disposiciones (habitus) análogos
(semejantes). Por ejemplo: tenemos un grupo de personas con un habitus cada
una de ellas, el habitus de clase es cómo actúan todos ellos frente
a una situación determinada, todos de la misma manera; cómo actúa
ese grupo en la práctica. Para ser más claros, los individuos
de la clase social media tienen todos un habitus similar, todos actúan
de manera semejante ante determinada situación pero lo hacen de manera
inconsciente y eso es el habitus de clase.
Mediante el trabajo de inculcación y de apropiación, el individuo
conforma su estructura y ésta toma la forma de disposiciones duraderas.
En el habitus de clase de un determinado grupo, podemos observar por un lado
la homogeneidad, lo que quiere decir que todos los individuos que integran esa
estructura han sido sometidos a los mismos condicionamientos; y por otro lado,
está el trabajo docente que va a inculcar determinados elementos que
se consideran legítimos para la sociedad, para lograr una buena integración
social de los grupos.
Bourdieu y Passeron consideran que hay una red de factores que determinan la
existencia de una clase social:
Factor económico: la dimensión económica es determinante de la división de clases en la sociedad. Este factor tiene un gran peso en la determinación de la clase social: o perteneces a la clase social dominante o a la clase social dominada. Este factor tiene una importancia particular y definitoria en la separación en clases que se sucede en la sociedad.
Los autores consideran que, además del factor económico, existen
ciertas propiedades secundarias que intervienen en la constitución de
las clases sociales. Una clase se define no solamente por su posición
en las relaciones de producción, tal como puede ser identificada a través
de indicadores tales como la profesión, los ingresos o el nivel de instrucción,
sino también por un sex ratio y por todo un conjunto de características
auxiliares.
La intervención de todos los factores constitutivos de la clase, opera
mediante lo que Bourdieu y Passeron denominan “causalidad estructural
de una red de factores”. Esto supone que a través de cada uno de
los factores se ejerce la eficacia de todos los otros.
El habitus de clase da unidad y racionalidad a un conjunto de prácticas
desarrolladas por el individuo; y ese habitus de clase es el que va a determinar
cómo yo me relaciono con el otro.
El habitus de clase, como realidad operante, más allá de la conciencia
de los sujetos, reside en una especie de “inconsciente de clase”.
Los individuos, pues, ocupan posiciones sociales o posiciones de clase. En las
interacciones entre individuos, están presentes y actuantes sus respectivos
habitus, que definen posiciones objetivas y distancias en el espacio social.
Bourdieu y Passeron consideran que la cultura se puede adquirir por medio de
la familiarización y por el trabajo pedagógico.
La génesis de los habitus la constituyen una serie cronológicamente
ordenada de estructuras. Esto es por lo que los habitus constituidos en un momento
determinado, son la base de experiencias posteriores. De manera que, los habitus
desarrollados en el seno de la familia presiden las experiencias escolares posteriores.
Por lo tanto, podemos decir que en el habitus juega un papel fundamental la
socialización primaria, la internalización que yo hago del mundo
objetivo en mi familia, esto va a pautar mi acción posterior.
A su vez, los habitus resultantes del paso por la escuela funcionan como matriz
(modelo) para la estructuración de las experiencias profesionales y,
así sucesivamente.
Cuanto más sólido es cada pasaje (por la familia, por la escuela,
etc.) mejor van a ser mis estructuras estructurantes del futuro y cómo
yo voy a actuar en dicho futuro.
El habitus se conforma por la familiarización, que se da a través
de la socialización primaria y por el trabajo pedagógico.
Todos las interrogantes acerca de la estructura y función de los procesos
pedagógicos, desde la pedagogía familiar hasta la escuela, tienen
sentido si se los incluye en la problemática general de la génesis
de los habitus.
Existen dos modos típicos de constituir los habitus. Por un lado está
el aprendizaje por familiarización, por el otro el trabajo pedagógico
racional, como ya mencionamos. Éstos, en realidad, son dos tipos de pedagogía.
Mientras la pedagogía no existe como pedagogía racional, existe
de modo espontáneo e implícito. En este caso, el “aprendiz”-
si se le puede llamar así- incorpora inconscientemente principios del
“arte de vivir”. A esta educación, infiltrada en todas las
prácticas sociales en que participa el niño, Bourdieu la llama
también educación primera.
El efecto de este tipo de procesos se sitúa en el plano inconsciente.
La lógica de este trabajo pedagógico, como lo indica Bourdieu,
consiste en “sustituir el cuerpo salvaje, y en particular el Eros asocial
que demanda satisfacción en todo momento y en cualquier lugar, por un
cuerpo “habituado”, es decir, temporalmente estructurado: la acción
pedagógica y la autoridad pedagógica, (...) al ofrecer la promesa
de placeres diferidos y diferentes a cambio de un renunciamiento inmediato a
los placeres directa o indirectamente sensibles, y al pagar en moneda de prestigio
todas las restricciones y las represiones impuestas, inculcan durablemente,
independientemente de los contenidos particulares de la inculcación,
las estructuras temporales que introducen los hábitos a la lógica
de la prórroga y el repliegue, esto es, a la lógica del cálculo:
existe una economía de este placer cultivado, economía que los
utilitaristas traducen en fórmulas morales y los econometristas en fórmulas
matemáticas”.
Todo el trabajo que se realiza sobre el cuerpo del niño, con el objetivo
de cultivarlo e introducirlo a las formas, movimientos y maneras “correctas”,
es decir, todo el trabajo de corrección y enderezamiento que se expresa
en una variedad de órdenes de conducta (“camina derecho”,
“no tomes el lápiz con la mano izquierda”, etc.) trae aparejado
el aprendizaje de las maneras, de los estilos donde de expresa la sumisión
al orden establecido.
Se entiende entonces la fuerza de las experiencias primeras y de los habitus
que se inculcan de una forma tan disimulada cuanto eficaz y duradera. Tan duradera
que toda experiencia pedagógica posterior debe contar con su presencia
y su eficacia, aunque los agentes (maestros y aprendices) pedagógicos
no lo reconozcan. Agreguemos que esta educación primera, esta pedagogía
de la familiarización es tan importante que cuando se dice de alguien
que es “bien educado” (o “mal educado”) se quiere significar
que posee las maneras y los estilos “adecuados” y no que tiene muchos
años de escolaridad o que posee vastos conocimientos. “Los habitus
“aprendidos” en la familia, condicionan y determinan los aprendizajes
posteriores. La misma productividad específica del trabajo escolar se
mide ”según el grado en que el sistema de los medios necesarios
para el cumplimiento del trabajo pedagógico (...) está objetivamente
organizado en función de la distancia existente entre el habitus que
pretende inculcar y el habitus producido por los trabajos pedagógicos
anteriores”.
En toda sociedad de clases existe un sistema de acciones pedagógicas
estructurado, es decir, con un conjunto de acciones pedagógicas dominantes,
destinadas a reproducir los habitus que corresponden con los intereses de las
clases dominantes. El trabajo pedagógico escolar tendrá una productividad
diferencial en los aprendizajes según la clase social de origen. Por
lo tanto, la educación escolar para los hijos de las clases dominantes
tiene un sentido de re-educación, mientras que para los hijos de las
clases dominadas tiene un sentido de deculturaciòn.
Por lo anteriormente dicho, hay una distancia entre el trabajo pedagógico
y el habitus de clase del individuo; y en la medida en que el docente conozca
esa distancia logra buenos resultados, de lo contrario se da el fracaso escolar.
Por lo tanto, cuando hablamos de una deculturaciòn en el caso de los
niños de la clase dominada, lo es así porque existe una gran distancia
entre lo que se les quiere inculcar y lo que ellos traen.
La importancia de la educación primera es tal que sus efectos se manifiestan
a lo largo de toda la vida de los individuos. Bourdieu y Passeron llegan a considerar
que el aprendizaje por familiarización y las pedagogías racionales
constituyen dos modos de adquisición de la cultura, de manera que toda
competencia cultural queda marcada por su origen. El capital cultural de un
individuo pudo haber sido adquirido mediante “herencia familiar”,
o bien en la instrucción escolar.
Mientras que una rica herencia cultural incorpora en los sujetos todo un conjunto
de saber práctico-práctico, así como un conjunto de reglas
inconscientes que producen las respuestas más adecuadas en los momentos
adecuados, el aprendizaje institucionalizado, racionalizado produce disposiciones
que en cada momento no pueden dejar de aparecer como “aprendidas”
y que están por ello desposeídas de la “naturalidad”
que distingue al hombre culto “por herencia”.
El habitus, como capital cultural incorporado de las generaciones anteriores,
en la medida en que su modo de adquisición transcurre de una manera “natural”,
puede aparecer el mismo como natural, como innato, oponiéndose al habitus
“aprendido”, y por lo tanto artificial.
Bourdieu y Passeron consideran que en la escuela se toma como legítimo
el habitus innato, el natural. Por tanto, de esta manera se reproducen las diferencias
sociales.
La escuela es una violencia simbólica porque en ella se da una reproducción
cultural, entonces muchas veces no es legítimo lo que el niño
trae (clase social dominada), por lo tanto, este niño no entiende porque
lo que ellos traen no vale y lo que otros traen sí.
“Todo poder de violencia simbólica, es decir, todo poder que llega
a imponer significados y a imponerlos como legítimos disimulando las
relaciones de fuerza que están en la base de su fuerza, añade
su propia fuerza, propiamente simbólica a esas relaciones de fuerza”.
Partiendo de la teoría general de la violencia simbólica, buscan
explicitar la acción pedagógica como imposición arbitraria
de la cultura de los grupos o clases dominantes.
La escuela quiere figurar en la sociedad como neutral, pero en realidad quiere
disimular que lo que realmente impone es lo que es legítimo para las
clases dominantes. Entonces, realmente la escuela está representando
un modelo de la clase dominante.
Podríamos decir que, estos autores plantean cómo el sistema escolar
reproduce la cultura dominante, las desigualdades sociales que existen en la
sociedad.
Bourdieu refleja las formas en que la herencia del capital cultural dan acceso
al capital social, la relación entre reproducción cultural y reproducción
social.
Él no distingue entre sociología de la educación y sociología
de la cultura.
Bourdieu y Passeron piensan que en la educación se refleja la influencia
del origen social del alumnado en el rendimiento académico. Ellos piensan
que los principales obstáculos que los estudiantes de clase baja encuentran
en su trayectoria son más de tipo cultural que económico.
Según los autores, la institución escolar valora un tipo de actitudes
y aptitudes que corresponden a la clase alta, lo que da lugar a que la selección
escolar acabe por ser simplemente la elección de los elegidos. El lenguaje
que utilizan las instituciones educativas es patrimonio de las clases altas,
lo que permite que los alumnos pertenecientes a éstas se desenvuelvan
con mayor seguridad y confianza.
La cultura escolar no es neutra aunque se presente como tal, y la distancia
de los individuos a la misma está determinada por el origen social de
los mismos. Las acciones pedagógicas tienden a reproducir la lectura
de la distribución del capital cultural entre grupos de nivel más
alto, contribuyendo así a la reproducción de la estructura social
dominante.
Los contenidos y prácticas educativas no son neutros sino el resultado
de la dominación de unas clases sobre las otras que se expresa a través
de la imposición cultural.
La cultura media entre las relaciones educativas y las relaciones de poder entre
las clases sociales.
El trabajo pedagógico debe contribuir a la integración de los
grupos y de las clases sociales, tratando de conformar un habitus legitimado
por la sociedad. Ese habitus, dado por la escuela, muestra el nivel de cultura
de la escuela. Cuando egresamos de la escuela deberíamos salir con el
habitus que impone la ideología dominante, sino caeríamos en una
marginación social.
El objeto de la escuela es el de homogeneizar, no en el sentido de igualar,
sino de atender las diversidades de cada individuo, pero esto no se logra sino
que se reproducen las desigualdades sociales, a través de la inculcación
de la ideología dominante.
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