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Otro problema que ocasiona el aprendizaje de los aspectos más arbitrarios de las reglas gramaticales es la dificultad de memorizar reglas. Éste fue el único recurso, en la enseñanza tradicional: memorizar reglas, aplicarlas para llenar espacios en blanco y hacer dictados.
Hoy, los nuevos materiales disponen de ejercicios más graduales: suelen partir de la observación para que el alumno formule hipótesis sobre la regla, después la explicitan y, finalmente, se aplica y se refuerza con actividades variadas.
Hay que evitar algunos problemas, que muchas veces se ocasionan, aún en actividades adecuadas. Por ejemplo:
En ejercicios tradicionales no hay sorpresas ni novedades, los alumnos llegan a adquirir el hábito de resolver la mecánica del ejercicio. Es mucho más provechoso dar a los ejercicios un carácter más cognitivo y analítico, que los alumnos tengan que razonar el uso de las reglas. Para ello hay que fomentar la reflexión: dialogando maestro-alumno sobre la ortografía, fomentando la autocorrección con solucionarios, el trabajo por parejas, etc.
Así se transmite una actitud de autorresponsabilidad que desarrolla la motivación y la autonomía. Es interesante transmitir el hábito de dudar y un método de trabajo para resolver problemas. Hay que enseñar a dudar, a acotar la duda o la dificultad, a formular hipótesis y a comprobarlas con instrumentos y libros de consulta.
Ejercicios de ortografía
Éstas son algunas actividades didácticas aunque hay otras más globales de expresión escrita que son tan útiles, como las planteadas aquí, para adquirir la ortografía.
Se llena un espacio en blanco (letra, sílaba) o se añade algún tilde (acento, diéresis, etc.) en un contexto determinado (palabra, frase, párrafo, etc.). son huecos seleccionados apuntando a un solo problema de ortografía.
Se trata de separar letras, sílabas o palabras: por ej.: Separar las palabras pegadas (Lameriendasehaceenelsalónyluegosalenalrecreo.); aplicar las reglas de separación de hiatos y formación de diptongos.
Se trata del ejercicio típico de buscar derivados. Algunas familias de derivados presentan interesantes situaciones ortográficas útiles de recordar cuando se trabaja la ortografía de algún sonido: feliz (felicidad, felices), vago (vaguedad, vagamente).
Sopas de letras, crucigrama, el ahorcado, etc. Hay que aprovechar lo lúdico y motivador de algunos juegos nuevos o tradicionales que tienen las letras como objeto de trabajo. Aprovechar los pasatiempos de algunas publicaciones y algunos juegos de mercado, y también se pueden confeccionar o preparar los propios alumnos en clase. Algunos ejemplos:
Un niño en el pizarrón escribe un vocablo de un número determinado de letras. El resto de los niños, organizados en parejas o pequeños grupos, escriben todas las palabras que surgen utilizando las mismas letras pero cambiando el orden. Se pueden suprimir pero no añadir letras. Cada palabra correcta valdrá tantos puntos como letras la componen.
Se puede hacer con una dinámica parecida. Hay que formar palabras a partir de la primera pero cambiando una letra: cera,cara; ropa,roja; etc.
Convertir en palabras con sentido una lista de palabras incomprensibles, con las letras totalmente desordenadas.
Completar una sílaba, siempre la misma, de manera que salgan tantas palabras como sea posible.
Juego de rapidez y agilidad mental oral o en forma escrita. A partir de una palabra, rápidamente y alumno por alumno, hay que ir añadiendo a la lista una palabra que empiece por la misma sílaba que acaba la anterior: mesa – salón – lonja – jamón – monte ...
Indicado para los primeros niveles ya que fomenta la memoria visual y la creatividad. En el pizarrón o en el retroproyector, los alumnos dibujan las palabras de manera que todas o una letra representen gráficamente su significado: lluvia con las letras en forma de gota; bomba con una mecha en la o; etc.
Buscar en un dibujo con muchos elementos, 10 objetos que se escriban con la sílaba gu, por ejemplo.
Juego de ingenio en el que las letras han sido sustituidas por signos, dibujos o números, y con pistas pueden descubrir algún mensaje. Puede ser elaborado por el propio niño.
Los dictadosEl dictado es un ejercicio completo, práctico y útil, que no sólo supone una práctica de la ortografía, sino que contiene elementos comunicativos: lectura en voz alta y comprensión lectora. Es difícil escribir correctamente una palabra o recordar una frase si no se comprende. También es una técnica dinámica en la que el alumno está activo y practica las habilidades lingüísticas (escucha, comprende, escribe). Esa debe ser la razón por la que los dictados gustan tanto.
Para evaluar la ortografía se utiliza mucho el dictado tradicional , por llamarlo de alguna manera:
Explicación del tema
Lectura del texto a velocidad normal. Los alumnos pueden preguntar dudas
Lectura de segmentos del texto, no palabras por palabras ni demasiado despacio o rápido o desfigurado para que los niños vayan haciendo sus anotaciones
Releerlo completo para confirmar palabras dudosas, completar puntuaciones y realizar correcciones
Lectura del trabajo por parte de los niños, en silencio
Comparación y comentario del dictado en pequeños grupos
Conocimiento de la versión correcta (fotocopia, pizarrón, retroproyector) y corrección de los errores con un color distinto.
En la medida en que se dedique tiempo a practicar todos los pasos anteriores (comprensión, transcripción, revisión, etc.) el dictado tendrá más rentabilidad lingüística. Si se hace deprisa, sin dobles lecturas ni revisiones, se convierte en un ejercicio rápido de evaluación.
Pero hay otras formas de utilizar la técnica del dictado:
Se forman parejas de alumnos. El alumno A de cada pareja tiene una hoja con unos cuantos fragmentos del dictado, con vacíos intercalados; el alumno B dispone del texto complementario, es decir, tiene los fragmentos de texto que le faltan al compañero y espacios en blanco donde deberían ir los fragmentos del niño A. primero el niño A dicta al B el primer fragmento y él lo apunta en su hoja; después el B hace lo mismo con el segundo fragmento, y así sucesivamente. Al final, cada alumno corrige su dictado a partir del texto escrito en la hoja del compañero.
Se trata de un dictado muy rentable y activo, porque el alumno no sólo transcribe el text, sino que también puede ejercitar la lectura en voz alta y la pronunciación. Para preparar dictados de este tipo es aconsejable buscar textos completos y breves.
Los niños son secretarios que toman nota (lo que pueden) de lo que lee el maestro a una velocidad normal, sin detenerse. A continuación se forman grupos de tres o cuatro niños que intentarán reconstruir el texto a partir de las notas tomadas. El maestro puede leer más de una vez el texto. La reconstrucción debe conservar, como mínimo, la información relevante.
Se trata de un buen ejercicio de memoria y de redacción de textos a partir de un borrador inicial.
En la mitad superior de una hoja, el maestro fotocopia el texto que los niños deberán leer y tratar de memorizar la escritura de las palabras difíciles. El tiempo que el maestro les da es el suficiente para leerlo con atención. Transcurrido ese tiempo deberán doblar la hoja a la mitad, de manera que no puedan volver a leer el texto. Allí escribirán lo que el maestro dicta por segmentos y hace una lectura final. La corrección es automática, sólo hay que desdoblar la hoja de papel.
A partir de una motivación (dibujo o fotografía de un personaje) el maestro realiza una serie de interrogantes: ¿quién es?, ¿a qué se dedica?, ¿qué le gusta?, ¿de dónde viene?, etc. Cada niño inventa tres frases respondiendo a estas preguntas. Luego empieza el dictado colectivo: diez o doce niños leen una de sus frases en voz alta y la dictan a la clase. Los demás tienen que apuntar las frases como se dictan y en el mismo orden. Para terminar, cada niño tiene que hacer una producción sobre el personaje a partir de las frases dictadas y de las que había escrito antes. Puede modificarlas, cambiarlas de orden, añadir alguna, pero no puede eliminar ninguna información de las dictadas. Al final se realiza una corrección individual.
Cada niño tiene que escribir cinco frase sobre algún tema. Se forman grupos de cuatro niños y se hace un dictado entre los integrantes de cada grupo: cada niño dicta sus frase a los demás. Al final, se corrigen y se comentan los errores que se puedan plantear. Los niños pueden consultar al maestro, diccionario, etc. Posibles temas: ¿Cómo sería la vida si no existiesen los coches?, Escribe cinco cosas que te molesten muchísimo, ¿Qué pasaría si pesásemos 150 kilos?
Es un dictado tradicional donde el niño, de vez en cuando debe añadir algunas frase inventadas por el mismo, por ej.: “Cuando llegamos al pueblo preguntamos dónde estaba la casa. En una tienda nos indicaron cómo podíamos llegar hasta allí: había que atravesar el ……………………………………..quince minutos más tarde ya estábamos allí. A todos nos gustó. Era una casa pequeña con dos …………………………….y ………………….”
El maestro dicta palabras difíciles que los alumnos desconozcan y que presenten problemas de ortografía (tilde, diéresis, b/v, etc., herbívoro, exacerbar, averigüéis). El maestro dicta una vez cada palabra y sólo la vuelve a repetir si algún alumno la dice en voz alta. El maestro hace de computador fonético que va repitiendo cada palabra siempre que se dice en voz alta y tantas veces como se pronuncie. Se pone énfasis en la audición y en la pronunciación de sonidos y palabras difíciles. Al final se corrigen en el pizarrón y se comentan las dificultades.
El maestro sólo dicta las palabras a modo de telegrama (nombres, verbos, adjetivos), y el alumno tiene que apuntar la frase completa agregando todo lo que haga falta (artículos, preposiciones, morfemas, etc.). De esta manera se pone énfasis en el componente morfosintáctico del texto.
El maestro dicta una frase que los alumnos deberán transformar al escribir en el papel, siguiendo varios criterios: formar el plural, buscar el contrario, etc. Es un dictado creativo, sobre todo en relación al léxico.
Cuando necesitamos la letra de una canción, esto es una situación real a la cual podemos enfrentarnos en cualquier momento. Los niños escucha la canción seleccionada e intentan apuntar la letra señalando cuando se pierden un verso entero. Una segunda audición servirá para llenar huecos y confirmar las palabras apuntadas. Luego, en pequeños grupos, completan apoyándose uno en el trabajo del otro.
Vale la pena hacer algunas consideraciones generales sobre la técnica del dictado:
El dictado puede ser una técnica de evaluación para medir la comprensión oral y el dominio de la ortografía de los alumnos, pero no es necesario utilizarlo así siempre. Es también muy útil como herramienta de aprendizaje y, si se practica con este objetivo, hay que poner énfasis en otros aspectos al margen de la corrección y la nota finales: el trabajo del niño, el proceso de comprensión y de transcripción del texto, etc.
Es interesante variar bastante a menudo la manera de hacer el dictado, para que los niños no tengan la sensación de que están repitiendo una y otra vez el mismo tipo ejercicio. Variando el dictado se consigue poner énfasis en diferentes aspectos de la lengua: la ortografía, la redacción, la creatividad, etc. Para variar de dictado se debe tener en cuenta: la técnica del dictado ; el tipo de texto (buena literatura, noticias del diario, anuncios publicitarios, correspondencia, entrevistas, frases sueltas, textos de los propios alumnos, etc.); la interacción y los papeles (en grupos, individual, en parejas, intercambiar apuntes, etc.).
Hay que dar a los alumnos un papel activo (además de escuchar y transcribir, pueden seleccionar textos, dictarlos, corregirlos, transformar textos, etc.).
Es interesante dar importancia al proceso de trabajo que sigue el niño tanto o más que al producto final. Vale la pena dedicar tiempo a preparar el dictado.
Un dictado puede ser un punto de partida para una redacción muy creativa o para un trabajo sobre cualquier tema. Puede utilizarse como vehículo de transmisión de textos diversos.
La corrección es otro punto importante a tener en cuanta. Una de las maneras más conocidas es corregir en el pizarrón. Se gana tiempo si se usa el retroproyector (se ahorra el que el niño escriba en el pizarrón) si uno de los niños lo realiza directamente en una transparencia. Otra forma es por parejas, en pequeño grupo, autocorrección en casa con el original. Y finalmente, la corrección tiene distinta importancia según sea la técnica y el texto.
Hay que preguntarse a priori qué se quiere evaluar y con qué finalidad . La conclusión es clara: no podemos evaluar la redacción de textos o el conocimiento de un tema por el dominio ortográfico que demuestre el alumno, a pesar de que contribuya a la calidad final del texto. Por otro lado, tiene que haber maneras claras y adecuadas de evaluar el dominio de la ortografía cuando ésta sea la intención: en concreto se cuenta con dos grandes posibilidades: la evaluación cuantitativa y la cualitativa.
En primer lugar hay que elegir el tipo de ejercicio que determinará qué evaluar y cómo hacerlo.
Decidido el ejercicio hay que establecer criterios de éxito (número de faltas, a partir de las cuales o por debajo de las cuales el alumno consigue mínimos o no). Para definirlos es muy útil determinar un sistema de cómputos de errores que sea lo suficientemente objetivo, y prever los problemas y las dudas que puedan producirse. Algunas ideas importantes son: selección de ítems de acuerdo al nivel de los niños; discriminación de los errores, puntuar según la “gravedad” de los errores; dos errores distintos en una misma palabra sólo cuenta por uno; el mismo error más de una vez, sólo cuenta una vez; si es una redacción se dará un número de palabras determinado en la consigna, y se deberá corregir la ortografía hasta ese número, si es menor, se cuentan las palabras escritas y los errores y se hace el porcentaje sobre lo que se pedía, si es muy corto se puede anular. Todos estos criterios aumentan la fiabilidad de la prueba: si corregimos de la misma manera todos los ejercicios y a todos los alumnos, los criterios de éxito son más afinados y los resultados más objetivos.
La evaluación cualitativa es más útil, pero también más complejo. Este tipo de evaluación se basa principalmente en la observación de errores y en el análisis de sus posibles causas. No todos los errores ortográficos responden al desconocimiento de la norma. Algunos errores se deben al desconocimiento de todas o algunas de las relaciones sonido/grafía, algunos a la carencia de conciencia de la sonorización de un sonido, otros al sistema morfológico o bien al sistema sintáctico, y otras también pueden ser simples olvidos.
Esta clasificación de errores puede ser una guía para detectar en qué nivel, plano lingüístico, regla concreta o aplicación de la regla se inscribe un error. Se puede elaborar una planilla o una hoja de seguimiento para cada alumno según este modelo. Puede ser exhaustiva o simple; cada maestro la puede adaptar a su programa o a los objetivos que se haya marcado el grupo. En cualquier caso el sistema de recogida y la selección de datos debería permitir recoger información en diferentes momentos y con ejercicios diversos. Una planilla sumativa de todo el grupo podría ser la guía para planificar el trabajo en el aula, mientras que las planillas individuales sería una fuente para aconsejar trabajo de refuerzo individual.
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