-No quiero que esquiles
mi blanco vellón
-dijo la ovejita
al esquilador.
-Quedarás fresquita
si te esquilo yo,
pues en el verano
pasarás calor.
-Quedo quietecita,
buen esquilador,
pero ¿me aseguras
que vuelve el vellón?
-Crecerá de nuevo
tu piel de algodón
-dijo a la ovejita
el esquilador.
Sylvia Puentes de Oyenard