VERANO, CAMPO Y ARROYO
Para atravesar el campo seguí el margen del arroyo,
aprovechando la sombra del achaparrado monte.
Porque la siesta de enero recalienta el suelo criollo,
si hasta el riachuelo, por poco, se parece al Aqueronte.
Pero cuando nace el día, como en el atardecer,
el infierno es paraíso y atrae nuestros sentidos.
Agua, fronda, flores, nidos y mil cosas para ver,
murmullos, trinos y voces deleitan nuestros oídos.
Qué oasis es para el campo el arroyo en el verano.
El agua es más cristalina y se torna trasparente.
Las algas y camalotes hacen el aire más sano.
En las orillas tacuaras, acacias y el ceibo ardiente.
La variada vegetación, logra un ambiente armonioso,
árbol, arbustos, pradera, más flores y enredaderas.
Un ambiente natural, tierno, sereno, candoroso.
Así, naturaleza da, las bellezas verdaderas.