S A N D Í A S
Las mañanas del verano
en la quinta de los Díaz,
había quehacer temprano.
Maduraban las sandías.
Don Joaquín, hijos y nietos,
todo el mundo trabajaba.
Nadie allí quedaba quieto
y el cachilo se llenaba.
Don Díaz seleccionaba
las que iban al mercado,
corte, lavado y secado.
Las de segunda, decían,
también eran cosa seria.
Iban al pueblo a la feria.
El cachilo en el mercado,
la carreta por la feria
y algún pedido encargado
para las diez, diez y media.
Era gran preocupación
mantenerlas bien fresquitas,
a la sombra, en el galpón
y obsequiar a las visitas.