Mi padre me regaló, un día, una billetera.
Y al abrirla me encontré que hasta un billete tenía.
“DIEZ PESOS” decía allí, y era plata verdadera.
Serio me puse a pensar en qué me lo gastaría.
Qué difícil resolver en gastarlo todo junto:
¿Golosinas compraré?, tal vez un juego de armar,
medias, gorra, pantalón, o aquel chaleco de punto.
Recordé bien a papá, hablando del buen gastar.
Sin costumbre de tener tanta plata en mi bolsillo,
ignorando qué comprar, me metí, en la librería.
Tantos libros encontré, que elegir no era sencillo.
Como un poeta compré, ah papá...¡cuánta alegría
¡