BARRIO LINDO

Mi niñez transcurrió limitada a las calles que confluían a la Plaza de Deportes y próximas al Granero Oficial. Adoquines, balasto y tierra alfombraban nuestro diario ir y venir. Las veredas, algunas embaldosa- das, lucían frondosos árboles que protegían de los intensos soles del verano y hasta de alguna breve lluvia inesperada. El tránsito, regularmente intenso, se componía en gran parte de carros, jardineras, volantas y cha- rrets por ser zona de salida hacia la campaña norte del departamento.
A poco más de una cuadra corrían los trenes que cruzaban las calles por los pasos a nivel provistos de barreras que se subían y bajaban al paso de los mismos, siendo uno de los atractivos de los más chicos.
En los primeros años de calle me sorprendió el enorme movimiento de trenes y camiones que traían y lleva- ban granos desde y hacia el granero, paso intermedio entre las cosechas y las industria molinera.
Por otra parte, me enorgullecí con todos los destacados deportistas que veía a diario porque era la época en que la plaza de deportes incluía todas las disciplinas, incluyendo las mal llamadas hoy, deportes menores.
Qué festivales nos regalaba la querida plaza de deportes: escolares, liceales, departamentales, nacionales.
Los días de competencias eran muy importantes porque reunían mucha gente. Las calles circundantes se colmaban de automóviles, ómnibus y camiones que traían competidores y público de otros lugares.
Desde temprano de la mañana hasta la tardecita, era un bullicio y algarabía general que inundaba todo el ba- rrio. Rostros risueños, meriendas espontáneamente compartidas, sano espíritu de competencia y una muy sincera confraternidad.
Qué lindo barrio el de la “Plaza de Deportes Lavalleja”, en la ciudad de San José.