Llamó el cartero, aquel día
y yo salí a recibirlo.
Un sobre grande traía.
¿Quién podría remitirlo?
Me preguntó seriamente:
¿de Ramón eres el hijo?
Le respondí: sí, presente.
Te mandan carta, me dijo.
Tomé el sobre y lo estrujé.
Salteando palabras leo:
Wálter...Solís...San José...
Remite...Montevideo.
En un temblor de emociones
vi que era Gladys, mi tía,
invitando en vacaciones
a visitarla algún día.
Corrí a mostrarle a papá
y a pedirle su permiso
porque después con mamá
cumpliría el compromiso.
El Prado, el Parque Rodó,
cine, teatro, visitas,
pizza, helados, pororó,
pasteles, tortas, masitas.
Mi tía y Montevideo
me recibían muy bien
dejando siempre el deseo
de estar más días también.