¡Qué emoción verlos desde aquí arriba!
¡Si pudieran observarse a sí mismos desde este lugar, me entenderían!
¡Qué orgullo representarlos! Oír en sus voces, la pasión
con la que entonan las estrofas de nuestro Himno Nacional y nuestra Marcha Mi
Bandera, y el saber que nos une el sentimiento puro del amor a nuestra patria,
tal vez chauvinismo, mas no reparo al expresarlo.
Quiero que sepan, cuánto valor el reconocimiento de ustedes hacia mi
imagen, a veces agotada, deslucida, casi sin fuerzas por mis años; y
quiero que sepan también, que en este tiempo en que los he acompañado,
he tratado de dejar todo de mí, para que el mundo entero nos respete.
Lamentablemente debo despedirme. Estoy llegando al ocaso. . . del día,
no de mi vida. Mañana Dios mediante será otro día, y al
amanecer, comenzará nuevamente mi gratificante labor, de enarbolarme
en los cielos de mi patria, y de otras, y les prometo flamear en ellos con tal
hidalguía, que haré que se sientan orgullosas de mí y de
ser uruguayos.
Prosopopeya en cuarto grado en homenaje al Pabellón Nacional.
María del Rosario Core Acuña.