Símbolo de libertad

El caballo fue el “obraje”
de las gestas más homéricas.
Ya en Europa, ya en América
se utilizó su coraje.
Y con ancestros salvajes,
con su encuentro y el pretal
fue arrastrando este animal
la pesada artillería
que triunfaba o sucumbía
con la metralla infernal.

Sobre su lomo, los grandes
vencieron en cien batallas;
pecharon lanzas, murallas,
o atravesaron Los Andes.
Por América aún se expande
el eco de aquel clarín
que le enredara la crin
diezmando fila enemiga
con Washington, con Artigas,
Bolívar y San Martín.

Cuando pasa la tormenta
sobre la faz de la tierra,
cuando el hombre no hace guerra,
el caballo es la herramienta
que lo apoya y lo sustenta
en su fugaz pedestal;
es quien fecunda el erial
de mil formas requerido;
y es al que no se le ha erguido
monumento nacional.

Si Artigas se fue a caballo
y así volvió Lavalleja,
tan honda pena me aqueja
como a usted, buen uruguayo,
al pensar que ese caballo
tan servicial y sangrado,
por ser viejo y ranilludo
lo mate algún frigorífico,
vejando el rol específico
sustentado en nuestro escudo..

Las gloriosas caballadas
al trote largo han pasao
donde el tanque ha peludeao
o la ciencia quedó aislada.
Son de la historia engarzada
por su noble heroicidad,
mojón de orientalidad
que yo admiro con respeto
por ser en todo el concepto
símbolo de libertad.

Julio Durante García
De “Boleadoras de piedra”