El gaucho

Son tres hitos importantes
que paren al gaucho nuestro:
Uno, el geográfico estro d
el entorno circundante.
Otro, el histórico instante
que’l indio sin ley y hostil,
lleva’l Norte su perfil.
Y finalmente aquel hombre
que’n bronce lustró su nombre
magnánimo y varonil.

Surgieron así, esparcidos
al lau de cualquier ombú.
Desde’l Paraná Guazú
al Uruguay construidos
con paja y con barro, nidos
de matreros imbatibles.
El ranchito inconfundible
con puertas de cuero crudo
de’ande emergiera el crinudo
arquetipo indestructible.

El centauro y su animal:
son armoniosa figura
de una soberbia escultura
simbiosis plena y total.
Fue solidario y leal.
La muerte orilló con gracia.
Y a negra melena lacia
ciñó a su textura estoica
de su dura estirpe heroica
con lírica indiosincracia.

Bruto que reveló aristas.
Caparazón exterior
que se volvió payador
con aire sutil de artista.
Y ese fino paisajista,
rico esteta y personal;
lució con fuerza vital
bota e’potro en redomón
vincha, chiripá y facón
de criolla usanza oriental.

Con Dios se vino a topar,
en la lluvia pa’su siembra,
y en el vientre de la hembra
después que aprendiera amar.
O en la orden para lancear
cuando forjó su nación,
siendo en Las Piedras mojón
de aquellas gestas homéricas
en los perfiles de América
erguida de la opresión.

Y así nació su pasión.
Luz mala: fue cualquier luz.
Luego respetó una cruz
y encontró a su religión.
Su identidad de varón
–genes de rústicos trazos-
la ganó a lanza y balazos
el romántico e’la Gloria,
para que hablara la Historia
por la boca’e sus lanzazos.

Cuando’l afirmó su estampa
en sus formas estatuarias,
recién encontró a Hernandarias
el introductor del Pampa,
que deslindara’n sus guampas
el oficio de carrero
con su tranquear tezonero
detrás de una yunta mansa
picaneando… su esperanza
porfiada de chacarero.

De esos encestros rurales
de modesta infraestructura;
asombra de su incultura
sus decisiones geniales,
que’n pristinos ideales
dictó su intuición ignota,
y una prueba es la “Redota”,
ciclópea gesta inmortal,
marcha sacra elemental
que lo inmantó de patriota.

Julio Durante García
De “Boleadoras de piedra”