Transcurrió el tiempo; se sucedieron las cuatro estaciones, y años, muchos…
Nuevamente creí ver en él; la misma e inmaculada imagen lo salude con cordial reverencia: me acerqué y le tendí mi mano, parecía un caballero andante…. No era “El señor” que todos admirábamos: sólo, inmensamente sólo y retraído fijó su ahora fiera mirada y susurró.
- ¡No hablo con principiantes, casi no la conozco: como un chaparrón se enfrió mi alma, un chapuzón me palideció y emprendí mi marcha; se había transformado en una fiera: ¿Por qué?...
Griselda Tarigo