Los regalos del mar

El mar me trajo a María y junto a ella una ebullición de pequeños obsequios.

Tanta iniciativa, tantos anhelos, deseos de incentivar a corto plazo sus más caras y simples ambiciones; acompañaban a ésta gentil dama. Buscaba, sumergiendo sus diez pilares entre los gigantescos cúmulos de mejillones.

Buscaba, hiriendo sus trabajosas, luchadoras manos; en sus pies delgados y frágiles el fulgor de su sangre se hacía notar. Ella se arrastraba sobre la sucia arena para aprisionar esas baratijas que el monstruo marino acarrea y tira con violencia sobre la bellísima playa.

María, hábil, imaginativa mujer del otro lado del Plata; en sus cortas, esquivas vacaciones, reunía entre sus rocas todo aquello que por sencillo posee y capta para crear, elaborar, lo que la lujosa mariposa de la mente logra alcanzar y que toda mujer desmigaja en su andariego espíritu para darle forma, color, amor a esa obra constructiva de cada instante, de todos los días de nuestro existir…

No pudimos despedirnos, llovía demasiado y el tercer encuentro en la playa se truncó…

Lamento, extraño sus conceptos sobre las letras, los míos no quedaron en el tintero…

Lástima, el tema “decoración del hogar”, tan femenino quedó tronchado en el camino; hasta el próximo verano y gracias por las reflexiones de nivel que mi mente aceptó y profundizó con tanto altruismo.

Griselda Tarigo