En la casa de la Cultura de San José, ante una gran concurrencia de público, que desbordó la amplia sala de actos y en presencia de su Sra. Madre, de su esposo, sobrinos, compañeros y amigos quisieron brindarle un cálido y sincero homenaje a su persona. Lugo de las palabras de bienvenida del Sr. Director de la Casa de la Cultura Maestro Iván González Pino, tuvo lugar el encendido de la llama votiva. Con la conducción del poeta y profesor De literatura del taller Sr. Abel Soria, dio comienzo la lectura de prosas y poemas por sus integrantes, participando entree ellos María Cristina Umpiérrez, Juan José Denis, Nilda Marfurt, Ema Leal, Wilson Ríos, Myriam Lamaison, Vilama Magné Russi y Griselda Tarigo.
La conocí hace años ensayando una obra de teatro. Anteriormente
nunca había hablado con ella. Desde luego, yo no desconocía su
belleza espiritual y su extensísima trayectoria actoral. Poseía
cualidades muy peculiares. Su brillantez memorial e inteligencia hacía
que sus destellos de luz se expandieran constantemente. Era y es sana, tierna,
espléndida, diáfana, excelente consultora espiritual.
Quiso el destino, que su elevadísima relevancia alcanzara metas muy promisorias.
Pero ella merecía mucha más. Su autenticidad y dotes por demás
excelentes no lograron llegar al lugar exacto y encumbrado que Gladis podía
y debía lanzar. Porque ella era, y es una luz sin luz…
¡Me tomó tan de sorpresa su muerte! Aunque conocía que arrastraba
algunos problemas de salud, pero no tan graves como para alejarse tan inesperadamente.
¡Lástima que su dulzura y bondad nos abandonaran! ¡Lástima
que su fuego actoral no se expandió aún más lejos! ¡Cuánto
te extrañaremos, hermosa mujer de belleza plena y amor al prójimo!
Te imagino como una mariposa posada sobre una titilante estrella o correteando
tus “mimos” en la plenitud del firmamento…
Griselda Tarigo