En este excepcional día soleado; de una primavera cambiante y con un
viento denso que arrastra olor a tierra mojada, tres hermanitos caminan enlazando
sus manitas procurando cruzar la calle.
Son tres bellezas diferentes: dos nenas y un varoncito y tres edades; Gianina
cuenta con diez años de edad, Sol María tiene cinco y Stefano
dieciocho meses.
Gianina, una morocha españolizada posee una dulzura espectacular, es
bondadosa y solidaria; tan tierna como un capullo de flor.
Sol María es rubia; sus cabellos ondulados caen como pendientes de oro
sobre su diminuta espalda.
Stefano, grandote y suavecito, con esa piel de bebé tan inconfundible;sus
ojazos color miel y su cabello es un sol.
La imagen de los tres; llega límpida ingenua, inocente, subyugante, inmaculada…..
Esta imagen que encierran mis tres libélulas la he filmado con ese amor
adoratriz que representan mis tres nietos. Plasmada en mi mente y regocijada
en mi corazón la guardo intacta en mi alma como el más preciado
de los tesoros. Son tres cajitas brillantes, de piedras preciosas que rejuvenecen
y adornan mi triste existencia de “abuela docente jubilada”.
Creo finalmente; que la docencia se ama tan profundamente que casi no podemos
vivir sin la presencia de esas palomitas, de esos frágiles pajaritos
que desean empezar a desplegar sus alas, enfrentando dificultades y vacilaciones,
dudosos al manejar sus sentimientos, ávidos por encontrar la luz esperanzada
en ese aprendizaje difícil, el aleteo inseguro que representa enfrentar
la vida…
Aún recuerdo con exactitud el advenimiento de Gianina y fue un jueves
31 de un dorado octubre, antes de lo previsto que mi realeza pequeñita
e indefensa llegaba del dulce azul París. Envuelta en no se que mundo
de sensaciones y ternura con sus ojazos negros, centellantes; adornados con
arqueadas pestañas tan moduladas como las de una muñeca.
Ha pasado un largo tiempo de miedos y esperanzas.
¡Creciste bella Gianina, amor de mis estrañas!.
Vienen a mi memoria; llegando, casi sin darnos cuenta; apresurado pero muy venturoso
su primer añito de vida. Me parece que la veo con un bellísimo
vestido blanco, con cintas aterciopeladas al tono, apagando su primera velita.
Todo es ruido, alegría, movimiento y salud que es la bendición
de nuestro Señor.
¡Es tan fotogénica! ¡Sus poses parecen adquiridas, pero
son naturales!
¡Es tan exclusiva(graciosa)!; pero ella es “naturalmente”
así…
Y Sol María y Stefano, dos luciérnagas a plena luz del día.
Entre ellos existe menos de cuatro años de diferencia de edad. Una “lunita”
y un “solcito” auténticos. Los dos corretean por el amplio
patio de su residencia, pisoteando las plantas y estropeando las flores que
las dos abuelas habíamos sembrado.
Mis dos luciérnagas se disputan a “Colita”, la perrita salchicha
que los ama y los cuida celosamente a los tres.
Sol María y Stefano, dos pequeños caprichitos, candorosos y tiernitos
crecen con esa preciosa y feliz inocencia; propios de su edad, se aman, se comprenden
y se ayudan, colaborando así con sus atareados padres que no dejan que
les falte ni lo más mínimo de cada día. Colmándolos
de amor, seguridad y enseñándoles lo mejor de ellos, para que
algún día no lejano, sepan enfrentar la vida; esta vida tan conflictiva,
con la mejor de las sonrisas y la correcta educación que en cada minuto
de sus pequeñas vidas han sabido inculcarles con la sabiduría
y la paciencia de los buenos padres.
…
Han transcurrido varios meses; casi por casualidad me entero que mi hija, mi
yerno y los tres diablitos deben alejarse del país por trabajo en el
extranjero.
¡Casi no lo puedo creer! ¡Vaya como los voy a echar de menos!
¿Quién me acompaña a la feria? ¿Y los correteos
en monopatín?
He llorado, he llorado mucho……
Y, después; con un poco más de calma, reflexionando con más
tranquilidad y sabiendo que el alejamiento del país será solo
por dos años, afloraron tumultuosas y afligidas estas estrofas…
Yo siempre estuve sola
Y no hubo luz en mi hoguera
Yo siempre estuve sola
Y no hubo luna en mi alma
Yo siempre estuve sola
Y no hubo llama encendida
Yo siempre estuve sola
Y el amor que esperaba, apenas llagado
Se esfumó fugazmente sin respuesta a mi vida.