San José, Agosto/04.
Para un amigo, para un hermano: para el Sr: Mario Venturini Corti.

Codificando, sin códigos: allá en la montaña…

¡Qué grande y hermosa era mi montaña! ¡La recorría de sur a norte, de este a oeste! ¡Con frío, helada, calor, insoportable calor!...
Nosotros, los alpinistas la escalábamos corriendo, sin cuerdas, sin trampas, sin herramientas trepadoras… Mario, Ricardo, Washington, Toto, Carlos, Olga Ariel y yo…Casi siempre el mismo grupo, los mismos compinches; a veces éramos más…
¡Tan alta era, podía divisar claramente la fábrica de gaseosas de Máximo que pendía de un tercer piso, el almacén grandote de Israel, Los Reyes Magos paseándose por las nubes: los camellos estirados como los caballos que quieren ser primeros en la meta…
¡Cuántos sueños, en esos interminables, indescriptibles fines de semana! Un silbato de Washington anunciando que las pizzas y los dorados pasteles abandonaban súbitamente el horno de barro.
Frente a casa; Senobelia, a los gritos, avisando que las cervezas ya estaban fuera de su habitual heladera: el aljibe…
Ángela; con su rostro de virgen preparando la mesa y el oído pegado a la inmensa radio que nos hacía escuchar el partido de fútbol…….
Y; quedaron allá, - Dijo Mario, hace tiempo…
- ¿Quiénes, pregunté yo? – Nuestros inocentes sueños, los estrellatos tejidos cautelosamente en nuestras cabezotas…
- Ninguna pared nos separaba, no existía muro que tronchara nuestras ilusiones….
- Y; hoy me interrogo, enojada - ¡Dónde están nuestros códigos, quiero acercarme nuevamente a ellos?
- Mario; uno de los pocos actores que quedan me respondió.
- Griselda, se fueron los cuerpos, las almas, la VIDA, sólo únicamente sólo, nuestra amistad que nos acompañará siempre y hasta el más allá…
¡Hay brillos que palpitan y enmudecen!...
Codificando, sin códigos: allá en la montaña…
Un fuerte abrazo,, espero tu visita, escríbeme o llámame.

Griselda Tarigo