Soneto a la Poesía


Fue nuestro afán de niño conquistarla

y escapa en el intento nuestra vida.

La Vida fluye de la azul herida

y no vivimos sino para amarla.


Sentirla y escribirla y adorarla:

irreal, hechizada, presentida,

llegar al lecho donde está dormida

y con un beso leve despertarla.


Imposible, gentil, esquiva, cierta,

en nuestro ser a cada instante abierta

como una blanca flor sobre la herida.


Así, en sueños, soñamos y vivimos

y cuando al fin sintamos que partimos

con ella volveremos a la vida.

Gerardo Molina