Son tus mujeres de ojos como uvas
cuando aún no maduran los racimos;
paraíso de verdes rumorosos:
¡Mendoza, amo tu sol y amo tu vino!
Dorada juventud la de tu otoño
que puebla de hojas rientes el camino:
nunca tanta armonía de colores
atesoró mi corazón de niño.
Y no sé si perderme en tus viñedos;
buscar tus alamedas como un río
vegetal; el ensueño de tus plátanos
o la brisa que encanta tus olivos.
Pero sé que unos ojos como uvas
cuando aún no maduran los racimos,
me hacen sentir un poco de esta tierra:
¡Mendoza, amo tu sol y amo tu vino!
Mendoza, 26 de marzo de 1991.
Gerardo Molina