Tata y mama, metiendo sus narices
en mi gusto, mi antojo y mi derecho,
no me dejan fumar los infelices
diciendo que no es cosa de gurises,
y yo soy un varón de pelo en pecho!
Así te lo expliqué cuando llegamos
al claro del maizal, no tan grandote
como tus ojos llenos de reclamos,
tu risa de sonoros desparramos
ni la larga “ve corta” de tu escote.
“Ya que hablás de tu hombría, pues mostrala!”
dijiste. Y lo dijiste de tal modo que,
con barba de choclo envuelta en chala
me armé un señor toscazo, haciendo gala
de machito, pitándomelo todo.
Aunque sentí en los bofes más de un grumo,
fumarlo de un tirón se me hizo robo;
y atorao y borracho con el humo,
me desplomé cual vaca pa consumo,
con los ojos daos vuelta como un bobo.
Largando un borbollón de espumarajos
con el resuello cada vez más chico,
di un concierto de tos y otros ruidajes;
y al fin resucité con tus masajes
y la respiración “hocico a hocico”.
Más tarde vigilando mis progresos
me ayudaste a pitar un socotroco.
Desde entonces, los puros como esos
no me asustan por largos ni por gruesos.
Y según puedo ver, a vos tampoco.
Abel Soria
De “Macaneando”