Mis arrogancias se fundan
en m auténtica criollez
aunque con un irlandés ;
por la pinta se confundan.
Soy de un pago en el que abundan
choclos, moñatos y gente,
y hay, predominantemente,
pueblos con nombres de san tos,
aunque los diablos son tantos
que no has cruz que los ahuyente.
Donde no es bollo ni changa
Vivir "a precio de costo";
donde el gofio es en agosto
como una carta en la manga.
Donde se ve el buey de canga
con el arao de mancera;
donde comban su cadera
las más bonitas morochas;
donde se juega a las bochas
al lao de la carretera.
Donde hasta perdiendo plata
los paisanos, en camiones,
van al Mercao, y a montones
venden legumbre barata.
Donde habiendo bailarata
nadie pierde los reflejos
y a los mismísimos viejos
les ataca la viaraza
con cada cumbia machaza
"que manda a para de lejos".
Donde la guapa gringada
nos cambió el yeito y el juego
y hay una quinta de riego
cerca de cualquier cañada.
Donde hay chinas con la azada
carpiendo la sementera,
con un paño en la mollera
y otro en los cachetes rojos,
nada más que en los ojos
y media nariz afuera.
Donde la radio “a molino”
cumple aún santa misión
y los tártagos, función
de retrete campesino.
Donde el salchichón y el vino
tienen sabores supremos;
donde por más que estudiemos
gramática en varios tomos,
en lugar de decir “somos”
preferimos decir “semos”.
Y ahora, según espero,
si quieren adivinar
donde queda ese lugar
en que di el grito primero,
no apunten pal extranjero
porque apuntarán muy mal.
Pa rastrearlo con cabal
pupila de buen augur,
deben olfatear pal sur
del territorio oriental.
Abel Soria
De “Boleadoras de piedra”