Ven oye, yo te evoco
extraño amado de mi musa extraña,
ven, tú, el que meces los enigmas
en el vibrar de las pupilas cálidas.
El que ahondas los cauces de amatista
de las ojeras cárdenas...
Ven, oye, yo te evoco,
¡extraño amado de mi musa!
(...)
Ven acércate a mi, que en mis pupilas
se hundan las tuyas en tenaz mirada,
vislumbre en ellas el sublime enigma
del más allá, que espanta...
Ven...acércate más clava en mis labios
tus fríos labios de ámbar.
¡Guste yo de ellos el sabor ignoto,
de la esencia enervante de tu alma!
Ve, huye, yo te evoco,
¡extraño amado de mi musa extraña!