Plumerillo de cardo
que avento desde mi mano,
hinca fuerte en la tierra,
penetra hondo en la greda.
Amarra con tus raíces
toda la vida que queda.
Cardo gris de azul penacho,
acero es tu color,
simétricas tus espinas,
extraño es que seas
tan pródigo con tus panes
por las calles de mi pueblo.
Atrápalo suavemente,
envuélvelo en tu aliento
y sóplalo con tu deseo
para que vuele al viento.

Cristina Arnoletti